Mi Casita de Papel

Un universo de recortables de papel

Belén recortable

1 comentario

El Belén,  como la representación del nacimiento de Jesús con figuras, edificaciones y dioramas tal y como lo conocemos no se hizo popular hasta alrededor del siglo XIV, a través de los monjes franciscanos, que utilizaron esta expresión artística como medio de evangelización tanto en España como en los territorios de habla hispana.

Anteriormente se representaba este momento litúrgico como una escenificación dramatizada donde actores representaban los diferentes papeles mientras se leían los pasajes de la Biblia referentes a la anunciación, el nacimiento del Niño, la adoración de los pastores y la llegada de los Reyes Magos.

Con el paso de los siglos la costumbre de montar belenes en las iglesias y en los hogares fue convirtiéndose en una tradición en la que colaboraban todos los miembros de las familias, montando escenarios con elementos naturales y con figurillas de barro y madera cada vez más elaboradas, siendo algunas consideradas auténticas obras de arte.

En el siglo XIX, el belén tuvo una época de esplendor popular, creándose varias asociaciones belenistas. La más antigua datada es la austriaca de Wenns, que desapareció un año después de su creación. La creación oficial de la asociación de Barcelona tiene fecha de 1863, aunque se cree que su fundación fue anterior. De todos modos, desaparecida la de Wenns, la barcelonesa tiene el honor de ser la asociación más antigua con actividad en la actualidad.

Hoy en día, el Belén sigue siendo un elemento decorativo fundamental en muchas casas españolas y de América Latina, experimentando un auge que va en aumento año tras año en los Estados Unidos, gracias a la cada vez más numerosa comunidad hispanohablante. En nuestra sociedad de consumo montar un belén es una actividad cada vez más asequible, con figuras y edificaciones de plástico, aunque también es cierto que es necesaria mucha imaginación e indulgencia para ver en algunas de las figuras de plástico de algunas colecciones, que se venden en grandes superficies y bazares, una Virgen María, un Niño Jesús  o incluso unos pastores medianamente presentables…

Recuerdo un precioso belén que montaba con mi abuela. Unas semanas antes de Navidad despejábamos casi todo el recibidor para dejar espacio para nuestra pequeña obra de arte. El cielo era de papel brillante azul noche, como le llamábamos nosotras, en el que pegábamos estrellas hechas con el papel de plata que envolvía el chocolate. Ese mismo papel nos valía para hacer un río en el que nadaban unos pequeños patos. En el Belén no faltaba de nada: pastores, granjeros, soldados romanos, familias, casas, palmeras, musgo, serrín, ángeles, los Reyes con sus camellos precedidos por sus pajes con los presentes para el Niño – que íbamos acercando un poco más al pesebre a medida que se acercaba el día 5 de Enero. Incluso ¡teníamos un pequeño palacio en el que vivía Herodes! Lo recuerdo como algo realmente precioso y todavía conservo la figura del Niño Jesús en su pesebre.

Trato de mantener la tradición con mi hijo y bajo el árbol juntamos una colección totalmente heterodoxa de belenes: las figuras de porcelana que el coloca como más le gusta, varios belenes recortables que ha hecho en el colegio y un bonito pesebre de madera con un tejado de ramas y las figuras de barro, vestidas y pintadas a la manera clásica – mi favorito – que lleva años presidiendo nuestro recibidor en estas fechas.

Como homenaje a todas aquellas que preserváis la tradición del belén, me gustaría compartir este Belén recortable con pastores de varias nacionalidades que me parecen realmente bonitos. Los he encontrado en algunas páginas dedicadas a la decoración navideña por lo que ignoro su procedencia. Si conocéis al ilustrador o al propietario de las imágenes estaré encantada de actualizar la entrada indicando su procedencia.

¡Mi Casita de Papel desea que paséis unas Felices Navidades!

BO NADAL!

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Autor: hadasdepapel

Hada de Papel

Un pensamiento en “Belén recortable

  1. Son muy lindos, valdría la pena descubrir al autor.
    Cuando era pequeña no disfruté la escena de montar el Belén porque las figuras que teníamos (y que aún tengo empaquetadas dentro de un baúl) son de barro de no se donde y pintadas en esmalte, así que entre que se podían estropear y que para mis fuerzas aquello pesaba una tonelada, lo de montar el Belén era una cosa de mayores. Durante mucho tiempo estuve sin montarlo, hasta hace tres años que haciendo cosillas para clase, de la combinación ”aspectos socioculturales-reciclaje” nacieron los personajes para llenar un pesebre. ¡Y que bien me lo paso! que envidia me da no haberlo disfrutado de pequeña… lo verdaderamente valioso es ese cálido recuerdo de cariño e ilusión.

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